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El trabajo infantil en el mundo de la moda. Parte I: el cultivo del algodón.

Cuantas veces hemos ido a comprar nuestra ropa en compañía de nuestros hijos o les hemos ido a comprar a ellos su ropa…pero, ¿cuantas de esas veces nos hemos preguntado cómo nos sentiríamos si fueran nuestros pequeños los que cultivan, hilan los tejidos, tiñen o cosen la ropa bajo unas condiciones de explotación inaceptables?

El trabajo infantil es una realidad que no debería ser ignorada y que ha estado asociada a muchos de los escándalos de la industria del fast fashion. La cadena de valor de la moda rápida comienza con el cultivo y recolección del algodón en el que niños y niñas son explotados y abusados privándoles de su educación y exponiéndolos a pesticidas y condiciones ambientales y de salubridad que atentan contra sus más elementales derechos humanos.

La India es el segundo productor mundial de algodón después de China y es también el país con mayor número de mano de obra infantil. Miles de niñas, pertenecientes a las castas inferiores son traficadas por sus propias familias hacia los estados productores de algodón de la India como Andhra Pradesh, Tamil Nadu, Karnataka o Gujarat. Allí soportan jornadas de hasta 13 horas diarias por menos de 30 rupias (menos de un dolar) al día. Son alejadas de sus familias y alojadas generalmente en hacinados establos o casetas de labranza. A la explotación infantil se unen la discriminación por género y casta. Las niñas son más obedientes y son sometidas por medio de abusos físicos e incluso sexuales.

Un segundo ejemplo de trabajo infantil lo encontramos en la antigua república socialista soviética de Uzbekistán. En este país el cultivo del algodón supone el 20% de su PIB, siendo el tercer exportador mundial. El estado tiene el control sobre las cantidades a cosechar, el precio que se paga e incluso la mano de obra empleada para la siembra y recogida. Bajo este esquema de planificación estatal el trabajo infantil está auspiciado por el propio gobierno que en las épocas de siembra y recogida del algodón ha venido utilizando del orden de 1,5 a 2 millones de niños desde 7 años que han sido sacados de las escuelas para trabajar durante meses en condiciones penosas durante largas jornadas, sin apenas comida y condiciones climáticas durísimas. La intensa presión internacional sobre el gobierno Uzbeco desde Naciones Unidas a la Unión Europea pasando por las grandes multinacionales del sector textil ha dado como resultado pequeños avances abriéndose a la inspección de observadores internacionales y aceptando trabajar en un programa con la OIT para erradicar las prácticas de trabajo infantil y forzado.

En los dos ejemplos anteriores estamos no sólo ante trabajo infantil sino que al trabajar los menores para saldar deudas contraídas por sus familias en el caso de la India o ser obligados por el propio gobierno a laborar en los campos de algodón Uzbecos, estamos ante prácticas de servidumbre por deudas y trabajo forzoso, formas, ambas, de esclavitud moderna recogidas como tales en la normativa internacional.

Es por ello que buscar información en la etiqueta de la ropa sobre el tipo y la procedencia del algodón y decantarnos después por aquel que tenga certificación GOTS (Normas textiles Organicas Globales), nos regalará la tranquilidad de estar adquiriendo una prenda cuya materia prima no ha contribuido a deteriorar el medioambiente ni ha sido obtenida con la explotación y el sufrimiento infantil. ¿Te apuntas?

 

 

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