Artículos de Opinión, Blog

Prefiero la acción comprometida a la crítica vacía

La crítica vacía nos inmoviliza

La situación del mundo nos abruma

Los medios de comunicación, las conversaciones con amigos, familia o compañeros de trabajo son, en demasiadas ocasiones fuente de negatividad y alimento para la desazón y el desanimo. Violencia, corrupción, injusticia social, crisis económica, emergencia climática, son noticias y conversaciones, que nos dibujan un mundo amenazante y hostil.

Tras enzarzarnos en largas charlas y debates siempre llegamos al mismo punto de frustración e impotencia preguntándonos qué podemos hacer frente a la poderosa maquinaria de un mundo orquestado por élites poderosas, lo que Sklair denomina “clase capitalista transnacional“. El mundo es así, ha sido siempre así, no lo he inventado yo. Es la respuesta más habitual con la que acallamos nuestra conciencia. A partir de ahí a seguir con nuestra rutina y nuestras vidas aceptando nuestro nulo poder de influencia y nuestra cobardía para enfrentar aquello que criticamos.

Sin embargo, ante los grandes desafíos que enfrentamos en un mundo de amenazas y oportunidades globales no deberíamos permitirnos el lujo de actitudes nihilistas dejando pasar el reloj de la historia. Un reloj que inexorablemente avanzará con nosotros, como protagonistas o como simples espectadores. En las manos de cada uno está el elegir la acción comprometida o la crítica vacía.

La acción comprometida nos impulsa

Si tomamos acción elegimos cambio

Frente a las actitudes derrotistas y los debates improductivos siempre han existido personas o grupos que se han revelado reivindicando que otra forma de hacer las cosas era posible y han elegido un papel activo, proponiendo alternativas políticas, sociales, ecológicas. La historia guarda un lugar para esas personas que dejaron de ser sufridoras resignadas y se convirtieron en lideres capaces de despertar del letargo a sociedades enteras. Fácilmente acuden a mi memoria personajes como Ghandi, Nelson Mandela, Che Guevara, Luther King, Teresa de Calculta, Rigoberta Menchú y así podría seguir más y más. Pero no se trata sólo de esos grandes hombres y mujeres que adquirieron notoriedad pública sino también de todos los que de manera más silenciosa y ámbitos más reducidos trabajan cada día en voluntariados, activismo social, los que alzan sus voces en defensa del medio ambiente o aquellos que luchan por el bienestar animal. Ese compromiso a nivel personal por parte de los ciudadanos pone “alma y corazón” a nuestras sociedades y nos recuerda que aunque los logros son pequeños y generalmente demasiado lentos, siempre hay motivos para la lucha y la esperanza. Esa acción comprometida de quienes no sólo critican y señalan los fallos y zonas oscuras de nuestra sociedad sino que ponen su “pequeña gota en el océano” para que ésta sea más justa y equitativa es la actitud que yo prefiero y admiro. Esa actitud añade valor y empodera a las personas y a las sociedades en las que se integran. Esa actitud es la de aquellos que eligen ser ellos mismos el cambio que quieren ver.

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