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Fast Fashion vs Slow Fashion: Repensando el modelo

Es necesario comenzar reconociendo que la tentación de comprar barato y por consiguiente poder comprar más prendas y con mayor frecuencia es fuerte y ejerce un alto poder de seducción. Es por ello que el conocido como fast fashion  sea el modelo de producción y consumo que ha imperado en las últimas décadas.

La profunda crisis económica que hemos atravesado durante años ha contribuido a consolidar unos hábitos de consumo basados en las compras baratas y compulsivas. Las tiendas de las grandes cadenas de moda y centros comerciales inundan las ciudades de todo el mundo uniformando nuestros patrones de consumo y nuestros cuerpos. Por otra parte, las Redes Sociales con sus gurús de la moda o influencers dictaminando lo que está o no está de moda son aliadas perfectas de las grandes marcas en la tarea de entretejer la trampa de la moda rápida o fast fashion.

Sin embargo, no deja de ser paradógico que comprar barato le haya salido caro al mundo occidental. Esos precios, a veces irrisorios, que pagamos por los artículos de moda son posibles porque la producción de los mismos se ha trasladado a países como China, Bangladesh, India, Mayanmar, Turquía, Camboya etc., donde se pagan salarios míseros y se explota a las trabajadoras (son en su inmensa mayoría mujeres y niñas). De esta forma, el sector del textil que creó riqueza y empleo durante siglos en el mundo occidental sufrió desde finales de los años 90 un duro golpe perdiéndose miles de puestos de trabajo.

Por ello, es necesario crear conciencia para que poco a poco un mayor número de consumidoras sean conocedoras de que comprar barato y amontonar ropa, o peor aún tirarla a los pocos usos, tiene un precio ecológico y humano que repercute no sólo en personas y entornos lejanos, sino también en los puestos de trabajo que se han perdido en España en el sector de la confección, en los tintes y pesticidas que dañan nuestro organismo y en los residuos y contaminación que provoca el desecho ingente de textiles cada año.

La buena noticia es que existen alternativas que implican otro modo de ver la vida. Tienen mucho que ver con un consumo más responsable. El slow fashion es el movimiento que ha surgido como oposición al fast fashion.

Sus principales valores son:

  • Comprar con moderación buscando la calidad y durabilidad del producto.
  • Conocer el origen y los materiales buscando favorecer la fabricación local, artesana y la utilización de materiales naturales.
  • Interés por las condiciones laborales de quienes contribuyen a la confección de la prenda. 
  • Alargar la vida de las prendas.
  • Reciclar, comprar de segunda mano, donar etc.

Se trata en definitiva de un nuevo modo de pensar y hacer las cosas. Con conciencia, con personalidad propia y estableciendo una conexión profunda con lo que de verdad somos, queremos y verdaderamente necesitamos para SER en mayúsculas.
Y tú, ¿has elegido ya? o aún tienes que pensar sobre ello. 

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